Enemígos Intimos

Recuerdo que a fines del año 1998 realizamos una gran concentración en la plaza de la República, el mítico obelisco de Buenos Aires, donde históricamente, se dieron cita, cien mil jóvenes, según cifras oficiales de la Policía Federal.

Aunque podía ver la palpable gracia y respaldo de Dios, los miles de jóvenes cambiados y desafiados para cambiar la nación, en lo profundo de mi ser, aún esperaba cierto aliento del liderazgo. En realidad, a esa altura, necesitaba el respaldo pastoral para continuar tratando de afectar a mi generación. Si hasta ahora, completamente solo, había logrado tantas victorias, suponía que con un gran apoyo de parte de la comisión pastoral, se lograrían mejores resultados.

El Escalón hacia la Comunión

En mis primeros años de ministerio, recuerdo que sólo tenía una ansiada y única meta, una ambición santa: intentar ser un hombre de oración. Sabía que si lograba cruzar la línea de la oración superficial, recién entonces accedería a los grandes secretos del Señor. A los misterios escondidos del Reino.

Esa oculta Debilidad

Aún recuerdo la primera vez que sucedió. Fue en un congreso de líderes en la bella Sydney, Australia. La reunión era avivamiento puro o, al menos, lo parecía. Mi tarea era predicar un sermón alentador y culminar el servicio. La gente movía ampulosamente las manos y no paraban de saltar, mientras que los músicos entonaban melodías increíbles; la alabanza australiana realmente es enriquecedora.

Un secreto clasificado

Voy a contarte un secreto. A Dios no lo mueve la necesidad. Es inútil que cuando trates de orar, te duelan las rodillas, o le digas que ya no soportas más, o que no mereces vivir esta situación o que llores hasta que no te queden lágrimas.

A Dios lo mueve tu fe. La nave de los discípulos parece que va a darse vuelta como una frágil cáscara de nuez. Las olas sobrepasan el barco y el mar se ve más enfurecido que de costumbre. Los hombres tienen pánico, pero Jesús descansa plácidamente en el camarote.

Los problemas se resuelven más fácil con el poder del Espíritu

Las personas de negocios, los estudiantes, los trabajadores, los profesionales cristianos y no cristianos tienen acceso al mismo mercado, a las mismas oportunidades, cuentan con el mismo tiempo y tienen una preparación similar, la diferencia la hace que el cristiano tiene acceso al consejo del Espíritu Santo, quien nos da las mejores estrategias que marcan la diferencia para alcanzar el éxito y la realización.