Dos razones por las cuales ser santos

El agradecimiento por la redención y la posibilidad de ser templo del Espíritu Santo deben motivarnos a buscar la santidad.

Imagina al pecado personificado en algo que tienes cerca. La decisión correcta sería alejarte todo lo que puedas y acercarte más a Dios. Solamente poner distancia entre la tentación y tú, no es suficiente, además debes buscar la proximidad del Señor.

Camina lo que hay que caminar

Lectura: 1 Timoteo 4:12

El predicador estaba hablando medio en broma cuando se quejó, «Mi esposa es absolutamente irrazonable. ¡Realmente espera que yo practique todo lo que predico!» Es muchísimo más fácil decirle a alguien lo que es correcto en vez de practicarlo personalmente.

Listo para hablar

Lectura: 1 Pedro 3:5

Lee Eclov y su esposa estaban en una cafetería en Estes Park, Colorado. En otra mesa había cuatro hombres, y uno se estaba burlando del cristianismo y de la resurrección de Jesús.

Lee sentía que el Señor lo instaba a responder, pero el temor le impedía hacerlo. Finalmente, supo que tenía que decidirse. Así que, fue hacia los hombres y comenzó a darles pruebas históricas de la resurrección.

¿Quién es sordo?

Lectura: Isaías 59:1-2

Un hombre le dijo a su doctor que creía que su esposa se estaba volviendo sorda. El doctor le dijo que llevara a cabo una simple prueba. Cuando el hombre llegó a la entrada de su hogar, exclamó: «Querida, ¿la cena está lista?» Al no escuchar respuesta alguna, entró y repitió la pregunta. Todavía no había respuesta. Al tercer intento, cuando ya estaba justo detrás de ella, finalmente la oyó decir: «¡Por tercera vez, sí!»

Eternidad en nuestros corazones

Lectura: Eclesiastés 3:11

Una vez presencié un bello panorama en las afueras de Anchorage, Alaska. Contrastando con un cielo gris oscuro, las aguas de una bahía provenientes del océano tenían un tinte verdoso, interrumpido por pequeñas crestas blancas. Pronto vi que esas crestas no eran olas, sino ballenas beluga de color blanco plata que se alimentaban a menos de 45 metros de la costa. Junto a otros espectadores, me quedé observando el movimiento rítmico del mar seguido de las apariciones fantasmales y ondulantes de las ballenas. El grupo permanecía callado, casi reverente. En ese momento, nada más importaba.