Lectura: Romanos 8:25
La vida tiene montañas altas de triunfo y de deleite, pero también valles de impaciente espera, una impaciente espera porque no vemos las oraciones contestadas. En las montañas nos deleitamos mirando el paisaje y respirando el aire puro, pero en los valles de espera parece que no hay aire y no podemos ver los mismos paisajes que veíamos en las montañas, pero tanto las montañas como los valles son muy importantes. Hoy quiero aprender a caminar en los valles de la espera.
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