A un muchacho que parecía ser hábil y coherente, le plantearon una pregunta relacionada con el recorrido de un autobús y los pasajeros que suben y bajan y las paradas que hace.
Viajan 6 pasajeros: en una parada suben 10 pasajeros, mas tarde hace el autobús otra parada y suben 5 pasajeros y bajan 2, posteriormente hace otra parada y suben al autobús 3 pasajeros y bajan 7.
El muchacho llevaba de cuenta los 15 pasajeros que quedaban en el autobús; pero, para su sorpresa, le peguntaron: ¿Cuántas paradas hizo el autobús?… Y el muchacho no supo la fácil respuesta.
Un día vamos a estar en la presencia de Dios. Muchos llevarán respuesta preparada, pero ¿Saben qué es lo que Dios les va a preguntar?
Quizá lleguen sobrados de méritos, grandes obras, como para “deslumbrar” a Dios. Pero lo primordial es que sepan qué es lo que Dios les va a pedir.
Lo importante para presentarnos delante de Dios es el haber escuchado su voz, saber qué es lo que demanda de nosotros, conocer su voluntad. Primero escuchar y después hacer.
Caín trajo a Dios ofrenda que no le agradó. En Caín vemos el culto pagano, culto según la voluntad del hombre y no según la voluntad de Dios. Caín trajo a Dios lo que bien le pareció a el mismo (Génesis 4: 3-5).
Cuántos intentos por agradar a Dios no son mas que desobediencia y egoísmo que satisfacen el espíritu religioso del hombre, pero no la santa voluntad de Dios, a la cual el hombre carnal no se somete (Lucas 18: 11-12).
Cuantas personas, en todos los días de su vida, no se han preocupado de cómo agradar a Dios ni de saber qué es lo que Dios les pide, sino solo en su “grandeza” hacer a su parecer lo que mejor les parece sin haber escuchado primero (Mateo 13: 25-27).
Para agradar a Dios, que primero sepas qué es lo que Dios quiere que tu hagas. Lee la Biblia, se sensibles a la guía del Espíritu y después, podrás hacer la voluntad de Dios. Escucha primero y después harás.
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