Lectura: Deuteronomio 6:1-6
Una vez escuché a alguien en un funeral decir acerca del fallecido: «Él estaba cerca de su Dios. Ahora está a salvo».
En momentos como ése, desearía que fuera cierto que todos pudieran tener su propio dios, vivir de la manera que quisieran y también recibir la seguridad de la vida eterna en el cielo. Entonces no tendríamos que pensar tan seriamente en la muerte. No tendríamos que preocuparnos por saber hacia dónde van nuestros seres queridos cuando mueren.
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