¡Sorpréndeme!

Cuando nuestra familia salía para comer un cono de helado, mi papá le preguntaba a mi mamá qué sabor le gustaría. A menudo ella le respondía: «¡Sorpréndeme!». Ella me contó que rara vez quedaba decepcionada con el sabor que él elegía para ella.

¿Te gustan las sorpresas? ¿Alguna vez te atreverías a decirle, «¡sorpréndeme!» a Dios? A muchos de nosotros hacer eso puede asustarnos un poquito. Sí, tenemos fe en que Dios es bueno y que Él nos ama. Pero tememos que no nos guste lo que Él elija para nosotros. A lo largo de toda la Biblia leemos que Dios se deleita en hacer lo inesperado. Algunas veces es hacer retroceder las aguas para que Su pueblo cruce un mar sobre tierra seca (Éxodo 14:21-22); o perdonar y recibir entre Sus brazos a aquellos que se arrepienten de su pecado (Salmo 130:1-4).

El tiempo de Jesús en la tierra estuvo lleno de eventos asombrosos que señalaban al pueblo hacia Su Padre -Él convirtió el agua en vino, calmó las tormentas, sanó a los enfermos y resucitó a los muertos. ¿A qué tipo de Dios servimos? A un Dios que no está confinado a nuestra imaginación finita (Efesios 3:20). Los pensamientos y los caminos de Dios no son como los nuestros (Isaías 55:8) y Él quiere bendecirnos con muchísimo más que un sabor especial de helado. Él se deleita en Sus hijos que confían en Él y que están dispuestos a decir: «¡Sorpréndeme, Señor!»

-CHK Aquellos que permiten que Dios les provea siempre quedarán satisfechos.





Acerca del Autor

fué fundado en 1938 por M. R. De Haan, un médico del estado de Michigan que posteriormente llegó a ser pastor. El ministerio tiene oficinas internacionales en 20 países. Su publicación más conocida, Nuestro Pan Diario, es traducido a casi 30 idiomas.


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