Lectura: Proverbios 1: 28-32
Intentando comunicar lo que la Palabra de Dios va haciendo en mi vida, hay cosas que simplemente no se pueden decir de manera entretenida o simpática. Aplicar un lenguaje sutil, sería contradictorio.
¿Qué le digo a un niño que está a punto de meter la mano en la picadora de carne? ¿Como le advierto a una ciego, que está a punto de ser atropellado?
Si no reacciono a tiempo, ni uso un lenguaje firme y decidido, tendré como resultado horribles y catastróficas consecuencias.
De la misma forma, no puedo envolver en seda mis palabras, puesto que lo aprendido en las ultimas semanas no llegó de esa forma. Dios ha sido claro, directo, contundente y ha debido quebrantar mi orgullo, mis sueños, proyectos y esperanzas, para finalmente enseñarme la lección:
La “vida cristiana” de estos tiempos es mediocre, superficial y carnal. No hay temor de Dios.
¿Temor? si, exactamente. El temor a Dios excede por mucho el respeto o las reverencias dominicales. Implica comprender cabalmente que Dios aborrece el pecado y temer Su juicio sobre éste, incluso en la vida de los que decimos ser cristianos.
El poco conocimiento de la palabra de Dios, de su carácter y sus atributos fue instalándose en el discurso actual, de tal forma que hemos llegado a interpretar el Amor de Dios, como un salvoconducto para vivir en pecado.
Y ahí tenemos el resultado: Cristianos que se la pasan opinando de la vida y la espiritualidad, pero que raramente asisten un domingo a la iglesia. Si van, es para que dejen de fastidiar el pastor o los hermanos que llaman por teléfono. Cristianos que leen un devocional por la mañana y por la noche descargan toneladas de pornografía en internet. Que piden éxito y bendición para sus trabajos y estudios pero que jamás han llevado a Cristo a la oficina o sala de clases. Cristianos con biblias lustrosas y relucientes, vale decir, sin uso. Amantes de las bellas y armoniosas alabanzas que tocan el corazón, pero que jamás estudian profundamente la Palabra. Ni hablar de memorizarla y ponerla en práctica. En resumen: Cristianos que reposan ociosamente en la salvación que alguna vez dicen haber recibido, pero de la cual no hay evidencias en su vida cotidiana.
Yo he sido uno de ellos… y se me llenan los ojos de lágrimas por el tiempo desperdiciado.
Acerca del Autor
Juan Manuel Lemus es el creador del proyecto Twiek y de otros proyectos através de la Red. Actualmente trabaja en el campo de desarrollo y diseño de sitios de Internet, y sirve en su congregación como Maestro de Escuela Dominical.
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