Los últimos días han sido de confrontación.
Estoy feliz y agradecido por la forma en que el Señor ha estado trabajando en nuestras vidas en los últimos meses. Sin embargo, las sutilezas no han sido precisamente el motor de los cambios recientes. Por el contrario, ha sido un golpe de lleno contra el muro de la realidad.
Echando un vistazo a los años pasados, he llegado a una conclusión de sabor agrio. Es muy fácil conformarse a un tipo de cristianismo estéril. Lo digo con vergüenza propia. Y es una tendencia que desgraciadamente ha cobrado fuerza en muchos lugares y naciones donde se predica el evangelio.
Es como pasearse por el “Mall Espiritual”. En las vitrinas, maniquíes de laboratorio que posan inertes los ropajes de la vida cristiana para la vista y el deleite de todos los que se pasean alrededor. Inmóviles, fríos y pálidos. Modelos de algo que no viven. Mientras tanto, en el “Patio de Comidas” espirituales se puede conseguir muy barato el combo 3: iglesia de domingo + versículos surtidos + una generosa gaseosa de alabanzas radiales. Y en lo profundo, el corazón se va enfriando mientras pasan los años.
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