Hay cosas que nunca está de más escuchar muchas veces. Por ejemplo, la empatía genuina en los días malos. Las afirmaciones de que algo no fue culpa nuestra y que cualquiera hubiera hecho lo que hicimos.
Los cumplidos a nuestro favor, la motivación honesta respecto a nuestro futuro incierto. Los simples recordatorios de que somos reconocidos y amados. Palabras como estas hacen que la vida sea más llevadera y que la disfrutemos más. Nos dan nuevos bríos y calman las aguas turbulentas que se levantan a
nuestro alrededor. De la misma manera, nunca sobra escuchar algunas verdades acerca de Dios. Son las primeras lecciones.
Comparte este artículo en Facebook