Lectura: Génesis 4:9
“El problema es de él.” “¡no puedo ser responsable por todo!” “Necesita madurar.” ¿Alguna vez te has escuchado decir algo así? En un sistema de mundo que enfatiza al individuo, frecuentemente diferimos el involucramiento, sintiendo como si lo mejor que podemos hacer es hacer responsable a la otra persona. Claro que desde la perspectiva bíblica la responsabilidad personal nunca disminuye. Eso radica en el corazón del pecador. Pero existe otro elemento de la perspectiva bíblica que ni podemos ignorar ni deferir. ¡Soy el guardián de mi hermano! De hecho, soy mucho más que su guardián, como lo demuestra el verbo hebreo.
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