Comienza bien el día: ¡escucha al Señor!
Él Señor habla con una voz apacible y delicada, aunque muy clara, firme y amorosa. Pero si haces mucho ruido, no la escucharás. Si quieres escuchar al Señor, tendrás que quedarte a solas y en silencio en algún lugar, de algún modo y en algún momento. Si escuchas al Señor, Él resolverá muchos de tus problemas antes siquiera de empezar el día. Pero si te sumerges en todos tus problemas, dificultades y tareas sin detenerte a orar y recibir instrucciones de tu celestial Comandante en Jefe, ¡serás como un soldado que intentará librar una guerra por su cuenta, sin prestar atención a su comando central!