El fuerte

En la vieja Argentina de los setenta la gran mayoría pertenecíamos a la clase obrera. Los más afortunados podían irse de vacaciones a la costa, las sierras o a las cataratas. Los más pobres nos conformábamos con quedarnos en casa. Lo que jamás se me hubiese cruzado por la cabeza, es que aquel verano del 77 un pequeño incidente me iba a cambiar la vida para siempre.

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El día que compré mi libertad

Durante dos años de mi adolescencia trabajé en la carpintería con mi padre. Cargué tablones, ayudé a fabricar muebles de estilo, aspiré aserrín en cantidad industrial y me rebané parte de dos dedos de la mano derecha con una moladora. Durante ese tiempo, le pregunté a mi padre si le gustaba su oficio. “¿Quién trabaja de lo que le gusta?”, me dijo, y agregó: “mi sueño era ser el dueño de una ferretería, pero nunca se dio”. Fin del diálogo. El siempre fue un hombre de pocas palabras, trabajador, de esos que llegan a la fábrica media hora antes de las seis de la mañana y solo se detienen para tomar un café al mediodía. A la hora de mantener una familia, no hay había mucho tiempo para cuestionarse las profundidades de la vida.

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De prisionero a leyenda

¿Quieres oír una historia fascinante? ¿Qué opinas acerca de sentarte en una cómoda butaca de cine y deleitarte con el largometraje que se perdieron de filmar los mejores guionistas de Hollywood? Siéntate y observa.

El hombre espera en la quietud de la celda. Una molesta gotera golpea sobre la áspera piedra. El calor es agobiante y denso, pero a esta altura de las circunstancias, la temperatura es lo que menos importa. Las moscas lo invaden todo sin piedad, pero no tiene sentido espantarlas; al fin y al cabo, pueden llegar a ser la única compañía digna de apreciar. Los demás presos observan al hombre con recelo. Acechan. Para ser honesto, los últimos meses fueron pésimos para el callado prisionero. Sus hermanos lo odian con toda el alma y le tendieron una trampa; una clásica rencilla familiar que terminó en tragedia, en viejos rencores arraigados.

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La historia del piloto

Dicen que era un piloto experimentado. Horas de vuelo en su haber. Pero que nunca le había sucedido una experiencia semejante.

Sobrevolaba el océano con su avioneta a hélice cuando lo sorprendió un ruido extraño debajo del asiento. Una inmensa rata, correteaba entre sus pies. Fueron los minutos más patéticos de su carrera como piloto aéreo. Un sudor frío recorrió su espalda mientras buscaba desesperadamente un lugar donde aterrizar de emergencia, detalle bastante difícil si tenemos en cuenta que volaba sobre el mar.

Y fue entonces que se le ocurrió un plan alternativo. En vez de buscar un sitio para aterrizar, decidió levantar más altura. Se elevó por encima de lo que jamás había volado, y la rata, que no soportó la presurización, murió en el acto.

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Instantes

Mike Murdock dice que el concepto que tengamos acerca del tiempo, determinará si nuestro paso por la vida será productivo. “La diferencia mas grande entre el pobre y el poderoso, el desempleado y el empleado, el exitoso y el fracasado, el pobre y el rico, es la opinión que tienen acerca del tiempo”. El tiempo es el único don natural que viene de nacimiento. Y a propósito de eso, creo que la mayoría desgastamos ese don precioso en pequeñas imbecilidades y en lo qué piensan los demás de nosotros.

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