La Armadura de Dios

Debemos entender que al separarnos del mundo automáticamente venimos a ser de “enemigos” del sistema mundano, por lo que necesariamente tendremos que librar batallas en contra de huestes espirituales de
maldad, demonios, tentaciones (1 Ti. 4:16­Ef. 6:12), lo que nos hace vulnerables sí no estamos preparados para enfrentarnos a nuestros enemigos, mayormente sí desconocemos que Dios nos ha dejado armas poderosas que tenemos a nuestro alcance y que debemos utilizar sí queremos llegar a alcanzar la estatura de más que vencedores.

Los Árboles

Como ministros competentes somos llamados a ministrar sobre el pueblo de Dios, responsabilidad y privilegio a la vez. Sabiendo que estamos bajo una sombra de cobertura la cual nosotros extendemos como árboles, nuestro deber es hacerlo de la mejor manera para la edificación del cuerpo.

La Apostasía

Lectura: Hebreos 10: 26­29

La Biblia nos enseña que en el tiempo final se producirá un movimiento de apostasía generalizada, este naturalmente se dará en personas que en algún momento depositaron su fe en Dios y en su Hijo Jesucristo. podemos ver en la Biblia a diferentes personas que después de haber conocido a Dios y haber recibido sus beneficios, entraron en un proceso de desobediencia, en el cual algunos todavía pudieron arrepentirse y ser
restaurados pero otros persistieron en desobediencia y le dieron la espalda a Dios, lo que los condujo a la perdición eterna.

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La autoridad Espiritual

La autoridad es la potestad que tiene alguien para dirigir u ordenar; una de sus características es que se puede delegar a otra persona. Vemos en la Biblia que desde tiempos antiguos Dios delegó esta autoridad a diferentes
personajes para que pudieran ejercer gobierno sobre pueblos
; pero debido al mal uso que le dieron algunos de ellos, Dios les quitó esta autoridad, desechándolos de su presencia.

El Arrepentimiento

Lectura: Hechos 3:19

El arrepentimiento es reconocer la propia inmadurez y la incapacidad de vivir alejado de Dios, y aceptar una dependencia total de El. El reconocimiento de pecado es producido por la voluntad humana que al verse confrontada por el Espíritu Santo que utiliza la ley para señalar el pecado y la gracia de Cristo para mostrar la justificación de los delitos, pueda ser rendida a la salvación que es en Cristo.