Amor o Lujuria

Lectura: Romanos 13:13

Una de las recomendaciones que nos da el Señor a través de su palabra para que tengamos una vida en abundancia, es que andemos decentemente mientras estamos en el mundo, como de día, sin lujurias (Ro. 13:13). Muchas veces cuando se menciona la palabra “lujuria” se piensa en los deseos sexuales; pero la lujuria abarca aún más porque se manifiesta en muchas facetas de la vida, puede ser también en el dinero, en la atención, en la fama, etc.

Los altares idolátricos

Dios siempre ha deseado que su pueblo le levante altar para adorarle, sin embargo no podemos levantar un altar a Dios sí antes no derrumbamos altares antiguos que puedan haber en nuestro corazón, y sí no lo hacemos nuestro altar no va a ser agradable ante los ojos de Dios.

Alza tus ojos

En la Biblia podemos ver la vida de muchos siervos de Dios que dejaron su huella marcada, por todo lo que Dios permitió que vivieran y como consecuencia se convirtieron en hombres claves para nuestro tiempo. Claves porque viendo en qué forma se desarrollaron en el transcurso de su vida y qué fue lo que vivieron, podemos decir que de alguna forma, nosotros también estaremos atravesando por esa misma situación pero con propósitos debidamente definidos por Dios. Vemos por ejemplo a Jesús: a El le dijeron que era hijo de David, hijo de Abraham, también le dijeron que era hijo de María, hijo de José; pero cuando El dijo que era el Hijo de Dios, lo llevaron a la cruz y lo mataron.

El amor fraternal

Lectura: 2da. Pedro 1:7

La Biblia nos enseña que hay diferentes medios por los que nuestra fe se alimenta y fortalece: por la prueba, la virtud, el conocimiento, etc. pero otra de estas virtudes es el amor fraternal, de allí la importancia de tener amor en la Iglesia y de lo cual podemos decir que si no tenemos amor fraternal nuestra fe es débil, por eso el apóstol Juan escribió amémonos unos a otros (1 Jn 4:7).

El Altar de Bronce

Lectura: Exodo 27:18

El Altar de Bronce o Altar del Holocausto contiene una bella y profunda enseñanza que nos ayuda a comprender la grandeza de la Obra redentora que Jesucristo, el Cordero de Dios, realizó por nosotros y del sacrificio en que se ofreció por nuestros pecados.