El agradecimiento por la redención y la posibilidad de ser templo del Espíritu Santo deben motivarnos a buscar la santidad.
Imagina al pecado personificado en algo que tienes cerca. La decisión correcta sería alejarte todo lo que puedas y acercarte más a Dios. Solamente poner distancia entre la tentación y tú, no es suficiente, además debes buscar la proximidad del Señor.
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