Lectura: 2 Pedro 3:3-18
El pasaje de hoy trata de lo que Pedro llama “el día del Señor”. No se está refiriendo a un día de 24 horas, sino a un período determinado. Ciertos hechos durante ese período prepararán el camino para que Jesucristo establezca un cielo nuevo y una tierra nueva. Por ejemplo, los cristianos que estén vivos serán arrebatados al cielo, y los cuerpos de los creyentes muertos serán resucitados. Será también el tiempo cuando el Anticristo tome el poder y la tribulación envuelva al mundo. Pero al final, Jesús regresará victorioso para juzgar al mundo.
Algunas personas dicen que ya estamos en el tiempo de la tribulación, pero no es así. Éste será un período en el que Dios juzgará a la tierra, y la iglesia no tendrá que pasar por eso. Estamos destinados para salvación, no para la ira (1 Ts 5.9). Las angustias y los sufrimientos que cunden en el mundo hoy, son apenas “principio de dolores” (Mt 24.8), el preludio de la gran tribulación que habrá de venir.
Los dolores de parto de una mujer se aceleran y se intensifican gradualmente. ¿No se parece esto al dolor que hay en nuestro mundo? Jesús advirtió a los creyentes que deben esperar guerras, rumores de guerras, terremotos, hambre, persecuciones y muerte antes del fin del mundo (Lc 21.9-12). Estas serán señales de que nuestra redención está cerca, aunque nadie sabe cuándo ocurrirán (Mt 24.36).
El día del Señor sorprenderá como ladrón en la noche a la mayoría de los habitantes de la tierra (1 Ts 5.2). No pueden ver los acontecimientos que están sucediendo conforme al plan de Dios, pero la iglesia debe estar atenta y trabajar con tesón para alcanzar con la esperanza del evangelio al mundo sufriente (Lc 21.13).
Original de: En Contacto
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