Lectura: Filipenses 3:3
Como hijos de Dios, tenemos el privilegio de confiar en Él para todo, no solamente para algunas cosas, sino para todo cuanto necesitemos. Cuando confiamos, tenemos gozo y paz, y estamos libres de presión. Por otro lado, cuando depositamos la confianza en nosotros mismos, luchamos y fracasamos. Tenemos que fijarnos una meta: No confiar en la carne. Se requiere de una decisión firme para no confiar en nosotros mismos.
Comparte este artículo en Facebook