Lectura: Hebreos 10:32,33
Antes de que cada uno de nosotros llegáramos a los pies de Jesús hubo un momento en que las tinieblas nos envolvieron y estábamos perdidos, pero dice la Biblia que un día la luz de Dios vino sobre nuestra mente espiritual y nos resucitó (Jn. 3:17, 19, 20). Cuantos de nosotros después de haber aceptado al Señor empezamos a tener problemas en nuestra casa, en nuestro trabajo, con nuestros familiares o nuestros amigos; empezamos a tener batallas, pero ahora con el poder del Espíritu Santo podemos vencer, porque nuestras armas no son carnales sino poderosas en Dios para derribar fortalezas (2da Corintios 10:4).
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